“DAR LA VIDA POR LA PROPIA GENTE”
Chiara Lubich
“La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del continente” .
Texto de Aparecida, Brasil
En 1977 en la preocupación por inculturarse en el carisma del diálogo, un grupo de jóvenes del movimiento de los focolares se aventuran en el proyecto de una acción social concreta en un sector del sur de la ciudad de Bogotá conocido como los chircales (una zona donde sus habitantes derivaban su sustento en el proceso de la fabricación de ladrillos).
Poco a poco comprometieron a miembros de la comunidad de los focolares, quienes de alguna manera se hicieron presentes a través del voluntariado y por cuatro décadas se ha logrado evidenciar el impacto que sobre la población viene teniendo nuestro centro social. Es por ello que destacamos el proceso de nueva humanidad a través de varias generaciones de familias que han evidenciado que a través del evangelio vivido, su comunidad es un testimonio de resiliencia.
Hoy, mediante la concreción del proyecto "Escuela del arte de amar", no sólo se tejen nuevos escenarios del paradigma del carisma del diálogo sino que se estructuran los pilares de una pedagogía de la fraternidad universal donde cada uno de los actores de este centro social se siente interpelado a contribuir con su vida, para hacer visible una sociedad que privilegia el bien común desde la praxis del arte de amar,

MISIÓN
Nuestro centro es el espacio ideal para difundir la fraternidad universal con la práctica de los valores de convivencia humana, resumidos en el arte de amar, donde todos sus integrantes (niños, jóvenes y adultos del barrio La Merced) se forman en este arte a través del ejercicio del diálogo, haciéndolo patrimonio de todos, convirtiéndose así en un faro de luz que ilumina el proceder individual y colectivo hacia la construcción de un mundo unido.
VISIÓN
Ser una empresa social a través de proyectos que la puedan hacer sostenible para dar un apoyo sólido y visible en la construcción de una comunidad más fraterna donde programas como “La Escuela del Arte de Amar” contribuyan al crecimiento personal y comunitario que orienten hacia una Humanidad Nueva.
